Sobre el continente y el contenido
Hoy mientras hablaba con un amigo, me contó el experimento, organizado por el Washington Post, al que se prestó Joshua Bell hace unos años. Se trataba de que este magnífico violinista tocara exquisitas obras clásicas con un extraordinario stradivarius, en la entrada de una estación de metro. El resultado fue la práctica indiferencia de las más de mil personas que pasaron por ahí (artículo completo).
No conocía la historia, lo primero que me vino a la cabeza es el debate sobre el continente y el contenido, qué es más importante a la hora de presentar / mostrar / vender / convencer?. Claro, la respuesta es buen contenido empaquetado en buen continente.
Pero, si eliminamos de la ecuación el contenido, el resultado puede seguir dando el pego perfectamente (si lo sabrán los políticos, periodistas y publicistas), pero en caso de que falle el continente la cosa, por muy sublime que sea, tiene muy pocas posibilidades.







Julio Loayza
feb 09, 2011 @ 09:18:14
Grandioso artículo.
Conocía la anécdota, pero no había meditado más allá de la habitual intrínseca incongruencia humana
, sin llegar a pensar en lo que, muy acertadamente, planteas. Así que me parece un artículo, muy pero que muy, acertado.
Va en la línea de lo que llevo pensando mucho tiempo: “la calidad objetiva no importa”. O, matizando, no suele importar. Triste, pero cierto. Especialmente descorazonador para alguien como yo obsesionado con la calidad. Al final es todo la etiqueta o el envoltorio que lleve.
Quizás para un neófito es difícil, o directamente imposible, distinguir entre un vilinista correcto y uno excepcional. Pero el caso es que hay otros muchos ejemplos, a toneladas, y en todos los ámbitos.
Al final la cuestión es que la gente es insegura y/o no tiene criterio, por lo que necesita constantemente la reafirmación de los demás para tener una opinión, para saber qué es bueno, qué es malo, qué mola, qué avergüenza. Nuestra sociedad consumista se basa, entre otros aspectos, en eso.
Están locos estos romanos.
ricardo
feb 15, 2011 @ 09:32:40
También puede ser que el ser humano para apreciar el arte necesita serenidad y, obviamente, en el metro a la hora de trabajar no se dan las condiciones.