La identidad social digital

Los humanos acostumbramos a presentarnos socialmente con una versión edulcorada de nuestra propia naturaleza, básicamente nos vendemos mejor de lo que somos, esto, que es un principio básico en las relaciones sociales, lo hacemos de forma automática, es lo normal. Esta fase de presentación inicial se va regulando por si sola con el tiempo y el roce.

En el mundo de las relaciones sociales digitales, sobre todo a través de las redes sociales, la fase de presentación inicial se puede prolongar extremadamente en el tiempo, permitiendo la posibilidad de seguir vendiéndonos sin la contaminación que puede producir el roce.

Puedes admirar digitalmente a una persona con la que incluso estableces afinidad digitalmente y llegado el momento de una desvirtualización comprendes que no tiene nada que ver, algo que pasa con cierta frecuencia.

Es complicado y aventurado identificar signos, ya que la propia naturaleza de este fenómeno es algo confusa, pero no es extraño encontrar personas cuyo avatar social está formado por ella misma y su pareja, en clara declaración pública de compromiso, cuando se trata de una relación endeble, o padres tan orgullos de sus hijos que hacen los mismo con su avatar, o las típicas fotos de fiestas que sugieren algo que no se corresponde con la realidad. Casos en los que se aplica bien el refrán dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

También, y producto de esta necesidad, se produce un interesante movimiento en el que la apariencia ha tomado mucho protagonismo, supongo que estamos en la cresta de la ola del exhibicionismo de nuestra identidad en medios digitales, sería bastante razonable pensar que poco a poco se irá ajustando y normalizando. Aunque también es cierto, que la necesidad de relacionarse socialmente se ha potenciado gracias a este tipo de herramientas.